domingo, 7 de abril de 2013

BOLA DE ARROZ PARA OBAMA


Escena uno. Elvar Ata y el Vasco pirulando por Umeda de madrugada totalmente cocidos. El Vasco comienza a taladrar con una de su clásicos temas cuando se cuece:

-Me gustaría poder leer bien en japonés pero es demasiado difícil aprender los kanjis.

-Aprenderlos no es difícil -contesta Elvar Ata-. El problema es que olvidarlos es demasiado fácil.

-Entonces,
¿
qué puedo hacer para no olvidarlos?

-Hay una manera muy sencilla.
–
Elvar Ata habla haciéndose el interesante- No quería compartir mi secreto con nadie, pero observando el estado de desespero en el que te hundes inexorablemente, he decidido ser magnánimo y tenderte una mano.

-
¿
De qué se trata?- pregunta el Vasco esperanzado.

-Esto -dice Elvar. Y a continuación se saca una bola de arroz del bolsillo y se la enseña a su amigo, que se muestra extrañado.

-
¿
Qué dices, cerdo? No me vaciles.

-A simple vista es sólo una bola de arroz (u "oniguiri", en japonés), 
¿
verdad?

-Sí.

-Pero en realidad es un kanjioniguiri. -explica Elvar orgullosamente-. Si te lo comes, aprendes automática y permanentemente todos los carácteres chinos (kanjis) del japonés.

-Vaya tontería.

-Eso pensé yo.

-A ver, 
¿
y cómo actúa?

-No lo sé. No tengo ni idea de cómo funciona, pero funciona. Es tecnología japonesa avanzada. Yo aprendí así.

 Los dos personajes siguen caminando por Umeda. Hay un silencio y parece que la conversación va a terminar ahí. Pero Elvar insite de nuevo con el tema.

-Bueno, ya que lo has intentado todo a esta hora, no pierdes nada con comerte la bola. Además, hace un poco has dicho que tenías hambre.

-Está bien -accede el vasco-. La probaré.

 El vasco se mete la bola en la boca y comienza a masticar. "De sabor, no está mal" dice. "Pero creo que no sirve de nada". En ese momento, de repente, la cara de Elvar cambia totalmente. Primero adquiere expresión de sorpresa y susto, luego de divertimento.

-¿Qué ha pasado? -pregunta el Vasco con expresión asustada.

-Que te has convertido en...

-¿¡Qué!?

-...en una chica.

-¿¡Qué dices!? -El Vasco ahora  se palpa a sí mismo el cuerpo para confiirmar lo que ocurrido. Es cierto. Ahora tiene senos, y cuerpo de chica, y va vestido de chica, y tiene un rostro aniñado, muy femenino.

-¡Te has convertido en una japonesa! -exclama Elvar, divertido.

-¿Qué ha pasado, hombre?. No puede ser... ¡Haz algo!

-Debe de haber sido un error. Espera, que voy a llamar al tipo que me la vendió.

Elvar extrae el móvil de su bolsillo y hace una llamada. Comienza a discutir en japonés, mientras el Vasco sigue la conversación con interés. Al fin, Elvar guarda el teléfono en su bolsillo.

-Parece que ha habido un problema. -explica al Vasco-. No le quedaban más bolas de aprender kanji, por eso me dio una bola de convertirse en japonesa. Convirtiéndose en japonesa uno aprende kanji, así que el resultado es el mismo.

-Pero yo quería aprender kanji y seguir siendo vasco. No quería convertirme en japonés, y menos en japonesa.

-Bueno tío, no está tan mal.

-¿Cómo que no está mal?

-Bueno, ya sabes kanji. Y eres guapa. Y ser mujer no es tan malo. Ser japonesa es un poco más duro, pero...

- ¡Tenemos que hacer algo!

El Vasco se encuentra tremendamente enfadado. Elvar, quien hasta entonces parecía estar tomándoselo en broma, se queda reflexionando un momento.

-Sí, es verdad –dice al final-. Un momento, voy a llamar otra vez.

Se produce una nueva discusión por teléfono, esta vez más vigorosa que la anterior, entre Elvar y su proveedor de bolas de arroz. Al parecer, la bola para convertirse de nuevo en vasco o español está agotada en todo el país, alguien las ha comprado todas, no hay manera de conseguir más. Ya no se fabrican o algo así.

-No tenemos más remedio que patearnos la ciudad y buscar tienda por tienda hasta que encontremos la bola para volverse español.

Así que los dos amigos empiezan a buscar. En todas las tiendas de conveniencia y supermercados que hay abiertos en la noche de Osaka. Por la mañana en droguerías, tiendas de alimentación, restaurantes.  

Escena dos. Han pasado noches y noches, y no hay manera. Elvar está sentado en la puerta del Seven Eleven, con la cabeza apoyada en las manos. Sufre una resaca brutal. El Vasco sale de la tienda en ese momento, con una bolsa en la mano.

-¿Eh?, ¿vendían la bola?- dice Elvar.

-No, la que nosotros buscamos no la tienen. Pero he encontrado una bola de arroz curiosa, que te convierte en presidente de los Estados Unidos. La he comprado. Pero esto tampoco sirve. Creo que la voy a tirar.

-Bueno tío, cómetela. Si te conviertes en presidente de los Estados Unidos, puedes poner a toda la industria militar y a la Nasa a que investiguen para conseguirte la bola.

-Sí, pero si me convierto en presidente de los Estados Unidos, tendré que ordenar invasiones, bajar impuestos a los ricos, bombardear casas de barro  en Afganistán con drones...

-Es verdad. Es mejor tirarla. Puede caer en manos de alguien del Tea Party.

En ese momento, el Vasco hace un ademán de tirar la bola al contenedor, pero se lo piensa de nuevo. “Quizás sea mejor no tirarla –dice finalmente”: puede que algún día sirve de algo”. La guarda otra vez en su bolsillo. Entonces aparece ante ellos un hombre de raza blanca, un melenudo con barba y perillas. Elvar y su amigo lo reconocen como español antes de que empiece hablar.

-Soy el presidente de los Estados Unidos –dice el melenudo, por fin, en español con acento de Cádiz.

-Tío, déjate de tonterías –contesta Elvar-, con esta resaca no estamos para bromas de este tipo.

Enseguida deja de mirar al gaditano / presunto presidente y se enfrasca con el Vasco en una conversación banal. Pero el Obama gaditano interrumpe la conversación:

-No me importa que me creáis o no, pero quiero el oniguiri –dice mirando a la bola de arroz que el Vasco tiene en la mano. El Vasco y Elvar levantan la cabeza y se dan cuenta de que la persona que les está hablando está acompañada por dos guardaespaldas con traje y gafas de sol.

-¿Esta bola? –pregunta ahora el Vasco sorprendido, haciendo ademán de dársela.

-No se la des –dice entonces Elvar- Creo que ya sé de qué va el asunto. Este tipo se ha querido comer la bola con la que se aprende español para enfrentarse en el imbatible Chávez, pero alguno de sus estúpidos asesores, quienes ya se la jugaron durante la crisis, le ha dado esta bola que te convierte no sólo en hispanohablante, sino en español de Cádiz. Ahora quiere volver a ser Obama porque no se puede presentar en América con estas pintas, nadie le creería. Nos han detectado con el satélite.                                                                                                                                                                                                             
-Entiendo. –dice ahora el Vasco, y dirigiéndose ahora Obama, prosigue: -si te doy la bola, volverás a ser Obama, lo que significa reemprenderás con tus intervenciones imperialistas y tus bombardeos con drones, y empezarás una intervención contra Libia.

-Da igual lo que opines de mi política. Podría matarte ahora mismo, pero prefiero evitarlo, tendría que inventar una historia a propósito para echar la culpa a nuestros enemigos. Sabemos lo que estáis buscando. Tenemos las bolas de arroz de la ciudad que te convertirían de nuevo en chico. Pero a nosotros no nos sirven. La bola que tienes en la mano es única, por eso, quiero cambiártela.

-Prefiero seguir siendo chica antes que ayudare a ser presidente otra vez. Nos engañaste una vez. No has parado de hacer la guerra y el mal desde que te convertiste en presidente. Drones bombardeando Afganistán y Pakistan, sanciones a Irán que hacen que mueran cientos de niños y enfermos por falta de medicinas,  apoyo al golpe de estado al gobierno légitimo de Zelaya...

-Bueno, entonces, tendré que ordenar a mis compañeros que te maten.

-Querrás decir a tus lacayos. Te tendría que dar vergüenza, siendo negro, dar la espalda a los desfavorecidos y ponerte a favor de los poderosos, eres patético.

-No sirven de nada los insultos. Ya me vendí en su momento y perdí mi dignidad, a cambio, voy a ser multimillonario hasta morir. Así que no me afecta nada de lo que digas.  Dame la bola y evita tu muerte, y además recibe ésta que te convertirá en hombre también.

Escena tres, Elvar y el Vasco están en casa del Vasco tajándose, el Vasco ya es un chico. La tele, encendida de fondo.

Empiezan las noticias,  los dos amigos tienen cosas más importantes a las que atender y por eso no hacen caso. Pero entre las patrañas antichinas y proamericana habituales en la televisión japonesa, se escucha la noticia de que las tropas del eje del bien han empezado los bombardeos humanitarios sobre Trípoli y Bengazi para fomentar la democracia. Los dos amigos se miran un momento, pero no hace falta comentar nada, así que apagan la televión y continúan con su taja.


sábado, 23 de marzo de 2013

TRES CUADROS DE PAISAJE JAPONÉS: RENACIMIENTO DE FRACO EN JAPÓN


Dada la ineptitud de sus políticos, habiendo alcanzado determinado estadio avanzado de la crisis, los japoneses decidieron no elegir otro presidente del gobierno. Y puesto que pensaban que lo que necesitaban era un líder fuerte, nombraron a Franco para el cargo. Pero como éste estaba muerto desde hacía decenios, sólo gobernó el país de manera simbólica e imaginaria.

Atraviesa el centro de Kioto, la milenaria capital imperial, el hermoso río Kamo, en cuyas anchas riveras hay hermosos jardines, animadísimos a todas horas, en dónde los niños y las familias juegan y pasean, las barbies japonesas hacen footing, y las marujas van a hacer la compra en bicicleta. Lo que muy poca gente conoce es que, si nos alejamos del centro, siguiendo el cauce del río hacia su origen entre las montañas, podemos llegar hasta el lugar donde se encuentra el nacimiento en Japón de Francisco Franco.

El río se estrecha progresivamente. Las amplias avenidas que corren a su vera se convierten poco a poco en carreteras normales, y luego en meras calles; los enormes edificios de cemento van dejando paso progresivamente a tranquilos barrios residenciales, después a chalés, y más tarde a casas bajas de piedra y madera similares a las que predominan en pueblos de Castilla o en el centro histórico de ciudades como Segovia o Cuenca. En la parte final, el río se ha reducido a un pequeño arroyo que se desliza por un lecho de piedra de apenas un par de metros de ancho. El río está flanqueado por un angosto paseo, también de piedra, decorado por una hilera de sauces de río sin hojas. La hilera de casas descansa sobre soportales de madera, como en una plaza mayor española.

El cauce termina aquí. En el punto más alto de la calle, un edificio ubicado en perpendicular al resto la cierra frontalmente. El agua, que más abajo es  río caudaloso e impetuoso, se vierte al cauce desde una mera cañería que sale desde dentro de esa última casa. Detrás de ese edificio, cosa rara en Japón, hay una rústica plaza, y en la plaza hay una iglesia. Detrás de la iglesia, un desierto infinito en el que siempre es noche, independientemente de la hora del resto de la ciudad.

Hay un pequeño risco que sirve de mirador dominando el pueblo y el desierto. En el mirador hay una pequeña cabina para descansar, calentarse y tomar té. La cabina está situada justo en el lugar exacto en donde nace el río: es también el lugar del renacimiento de Francisco Franco en Japón; una pequeña estatua suya lo recuerda, y apenas media docena de turistas visitan el lugar.

TRES CUADROS DE PAISAJE JAPONÉS: EL SISTEMA DEFENSIVO ACUÁTICO

Sin embargo, en la parte contraria del río, en la planicie, el enorme lecho fluvial abandona la ciudad por un paisaje semiurbano en el que se confunden los campos de arroz con las industrias medianas y pequeñas, así como algunos templos budistas. Aparte de una enorme cascada que surge de repente desde la copa de una altísima palmera que se encuentra junto a una barraca (puede que la única palmera de Kioto), no existe nada en este paisaje que lo diferencie del paisaje de los alrededores de cualquier otra ciudad japonesa.

Pero si nos fijamos bien, comprobaremos que al cauce principal afluyen numerosos desagües, acequias y canales artificiales, todos ellos interconectados y compartimentados por un  laberinto de compuertas, canales secundarios, exclusas, estanques de reserva, etc. que hacen que el nivel de los ríos, presas y canales de Japón sea en todo momento fácil y rápidamente regulable desde la central de mando.

Este sistema, que pocos japoneses conocen, es parte fundamental del ingenioso plan de defensa militar que se creó en el país después de la ocupación americana. En caso de invasión extranjera, los japoneses pueden abrir presas, inundar campos y ciudades, así como atacar a los enemigos a base de letales corrientes de agua a presión y de inundaciones provocadas a propósito.


TRES CUADROS DE PAISAJE JAPONÉS: LAS NOCHES DE OSAKA

Por la noche, avanzo junto a mi familia por la estrecha acera de una autopista elevada que desciende hacia el centro de la ciudad y mucho más todavía, de aquí a la eternidad, hasta el infinito y más allá, al final de la noche, a ninguna parte, al corazón de las tinieblas, a los hiperuranios platónicos, a los infiernos de Homero y de Dante, a Blade Runner, a la esencia de Osaka.

Enormes rascacielos flanquean la autopista en lo alto, mientras abajo hay pordioseros que se calientan haciendo hogueras en contenedores, igual que en Detroit, a la espera de que Robocop venga a acribillarlos

Un detalle me llama la antención. Me lo comentan mi esposa y mi hija, pero yo no me había dado cuenta. En los rascacielos algunas oficinas tienen la luz encendida, y en ellas  se distinguen personas trabajando. Aunque están muy bien hechas, si nos fijamos un poco nos damos cuenta de que no son reales, son secuencias aleatorias creadas por el ordenador central para dar la imagen de "sostenibilidad".

De hecho, cada diez o doce segundos se produce un efecto fijo del programa que consiste en que un tipo se suicida, tirándose desde lo alto de uno de los rascatas, precisamente desde el lugar al que estabas mirando en ese momento.

Pero yo no tengo hija, lo cual demuestra que todo es un sueño, provocado por la necesidad de mantener la vida después de la muerte y creer en un más allá, como en la película "Abre los ojos", engañando al cerebro tanto como sea necesario para que siga creyendo que es eterno como un dios.

miércoles, 20 de febrero de 2013

CUENTO DE NAVIDAD


Debió de ser una Nochebuena divertida, pues según todos los testigos acabé bailando sin ropa en el tejado de mi casa y finalmente parece ser que me quedé dormido desnudo bajo las estrellas, aunque la temperatura era de unos 1 grado o ninguno.

La aurora radioactiva japonesa zombi, de congelados dedos verdosos, me despertó a la mañana siguiente de un puñetazo en la cara. "Tienes ganas de orinar"me dijo: "¡¡ya!!"

Como no podía aguantar, procedí a trazar parábola de orín desde el tejado hasta la calle, para asombro de las viejas en forma de ele que aplaudían mi gesto rebelde y se deleitaban con la contemplación de esa bella forma dorada así como de las hermosas curvas euclidianas de mi esbelto y a la vez obeso cuerpo.

Un miembro de la policia montada (en bicicleta) de su majestad el Emperador celestial pasaba por esos momentos por la calle, y al verme se detuvo e intentó trepar hasta donde yo me encontraba para determe. Pero como el piso se encontraba mojado por haber esparcido yo antes con generosidad mi áureo elemento, el policiotto resbalaba y resbalaba, para deleite de las viejas progresistas, quienes lo increpaban y le lanzaban sashimi podrido y sake pero sin sacarlo previamente de la botella.

Asi que el policía desesperado decide llamar a las fuerzas de autodefensa (cínico eufemismo con el que los japoneses se refieren a su ejército.)

Las fuerzas de autodefensa declaran que al ser extranjero no estoy dentro de su rango de su jurisdicción, pues además no he atacado al emperador. Se lavan las manos vilmente y llaman a los marines nortacas desplegados en Okinawa.

El responsable de guardia del terrorista ocupante norteamericano en antaño paradisiacas islas acepta la misión. Precisamente estando en Navidad, no puede negarse a a algo tan americano como eliminar un comunista de la faz del mundo para alegrar a Jesús y ayudar a propagar la democracia, nuestra forma de vida y nuestras libertades que tanto envidian los Otros. Acto tal sería digno hasta de aparecer en el siguiente spot navideño de Coca Cola, y en su currículum del futuro podría catapultar su posible carrera como ex-veterano aspirante republicano a la vicepresidencia, en caso de que deseara presentarse al puesto dentro de 30 años.

Enterado de la vil jugada, solo me queda esperar un milagro, pues sé que en cuanto llegue el helicoptero de los marines me fulminaran directamente de un misilazo, y luego dirán que era un miembro de las Farc o de Al Qaeda financiado por Hugo Chávez.

Pero especialmente en Navidad es del todo imposible que ocurra nada maravilloso, todo es previsible y anodino, así que me pongo a buscar una función en el móvil que sirva al menos para enviar una postal de despedida a mis hijos y al cochinillo que estaba criando ilegalmente yo mismo en la bañera de casa para zampármelo en la Nochevieja de 2019. Rebuscando en el móvil encuentro una función de la cual hasta el momento no había sabido en mi Ai paf: por una módica suma puedo pedir que un helícoptero venga a recogerme.

Aunque el precio del servicio es igual a todo el dinero que he ahorrado desde que trabajo en Japón, es mi única manera de escapar del enemigo; por muy rápidos que sean los helicópteros que transportan a los terroristas yanquis, tardaran en llegar todavía un rato a a Osaka, y el helicóptero que he pedido llegará sin duda antes.

De esa manera escapo de las tropas del Imperio en helicóptero encargado desde el móvil de de Softo Banku, (equivalente japonés a Vodaphone), para jolgorio de las viejas y desesperación del poli malo.  Sin embargo, las tropas nortakas ya se encuentran en la zona, por eso me sorprendo de que no derriben con certero venablo explosivo.

Pero teniendo en cuenta que en el mundo de hoy, las grandes empresas tienen más poder que los estados, y que Estados Unidos no es en el fondo sino el ejército de las multinacionales y del capitalismo, es normal que no se atrevan a disparar a mi helicóptero con logotipo de una gran empresa de telefonía móvil, eso les podría poner en peligro a ellos mismos y a su modo de vida e incluso ser penado con la cárcel: así que al final me dejan escapar  y me voy volando como Jeucristo el tercer día.

Pero mientras pensaba ya en el cómodo exilio que iba a disfrutar desertando al paraíso socialista de Corea del Norte, un objeto volador no identificado haciendo eses de borracho se estampa contra mi helicóptero y nos hace perder el control.

Se trata de un Papa Noël australiano en pelotas (en Japón se contrata sin hacer demasiadas averiguaciones para el papel de Santa Claus en centros comerciales y fiestas a cualquier occidental que se preste ), quien se había emborrachado la noche anterior y llegaba tarde deprisa y corriendo (y encima se le había olvidado vestirse), ya de buena mañana, a su tarea de vender con oneroso interés juguetes fabricados por mano obra esclava del tercer mundo.

Del choque con helicóptero, los regalos que Santa transportaba caen todos del trineo e impactan sobre una gasolinera en el barrio pobre de la ciudad, provocando una explosión que mata a varios niños de clase baja. Los ciervos voladores de Santa mueren también instantánemente en el impacto con el helicóptero.

Santa y yo en pelotas caemos al río pero logramos nadar hasta la orilla. Como hemos perdido todo nuestro patrimonio y no hay donde ir, decidimos pasar la noche bajo el puente chupando botellas vacías de sake de un montón de basura formado por objetos que habían sido arrojados por otros pordioseros como nosotros pero ya fenecidos anteriormente por causa del frío. Escuchamos por la radio que el gobierno americano ha exigido al gobierno japonés nuestra entrega incondicional, o de lo contrario eliminará del mapa a Japón y echará la culpa a Irán y Corea del Norte.

Somos conscientes de que el gobierno japonés carece de la menor dignidad, y que si nos encuentra no dudará en seguir las órdenes de su amo. Unos minutos después, escuchamos de nuevo ruido de helicópteros. Esta vez viene toda la OTAN, incluso un contingente del valiente ejército español (ese que lleva siglos sin ganar ninguna batalla que no sea contra su propio pueblo) se ha sumado, pero desde lejos.

Cuando pensamos que van a machacarnos, se siente un horrible temblor de tierra, los edificios empiezan a derrumbarse, del río comienzan a llegar a la costa terrible olas, !sí que es un milagro!

Se oyen pasos, cada vez cercanos, similares a una bomba, y al levantar la cabeza vemos una pierna metálica ponerse a cada lado del ancho río (más de cien metros): el gran Buda de bronce del templo Todaiji de Nara se ha levantado de su reposo de siglos y ha cobrado vida, y se dedica a destrozar a los desconcertados aviones yanquis como si fueran libélulas de jabón.

Después de siglos en silencio, Buda no había podido seguir aguantando como el gobierno de Japón se prestaba sumisamente como lacayo de su amo belicista en la tarea de enfrentarse al estado hermano de la República Popular China. Las políticas japonesas perturbando la paz y armonía en Asia y enemistando al país con otras naciones budistas eran ya demasiado, y el gran gigante de bronze, como el Talos de la película Jasón y los Argonautas, lleno de furia, había decidido cortar por lo sano.

Es entonces cuando me desperté. Día de Navidad, las cinco de la mañana. La noche anterior no me había tajado, ni bailado desnudo, ni nada de nada. Me había acostado pronto sin nada que celebrar, para ir levantarme a una hora criminal a trabajar a la oficina.

Era el 25 de diciembre, lunes, festivo en Japón, pero festivo de los de repuesto, porque el cumpleaños del Emperador había caido sábado. Pero en mi empresa se pringan los festivos, y por una vez me alegro de que así sea.

viernes, 15 de febrero de 2013

DESPEDIDA

Tras casi cinco años sublimes y asquerosos, Japón deja de ser un país interesante, desde la próxima semana o serie de siete días, pues por entonces la persona que escribe este reporte ya se habrá largado a vivir a otra nación.
 
Cuando en el año 2008 me trasporté a este archipiélagus, se encontraba el mismo en franca decadencia, pero gracias a mí ha conseguido recuperar la ilusión y la esperanza, lo cual es recíproco, pues en Espana yo era un pordiosero sin futuro, que vivía en un parque, dentro de una caja, y sólo se alimentía de los restos de chela que encontraba en las la latas oxidadas y vacías que otro pordiosero a la basura arrojaba.

Convertido me he en un hombre respetado, y reverenciado y también con familia, a quien muchas personas llaman sensei. Y con un cochinillo que crío en la bañera, de manera sumamente ilegal pero amorosa, para comérmelo con las manos, sin apenas masticar, durante la cuaresma del año siguiente.
 
II
 
Imposible representar, en un solo vómito desenfrenado, todas las experiencias y visiones de robot que este feudalismo con rascatas, en sólo un plan quinquenal, me ha dado.
 
Aparecer en tele, DVD y radio. Ensenar en la peor universidad de Japón. Centenares de alumnos ávidos de avidez, profesores agradecidos de delicada dicción. Incontables las personas de nacionalidad japonesa que me han ayudado, desde que llegue a mi patria verdadera, a desarrollar los contenidos de mi plan maquiavélico.
 
Traducir del japonés un estudio sobre Gongora; bañarme borracho en aguas termales, bajo el níveo elemento; bailar flamenco dentro de yukata; o inventar deporte urbano llamado nieving. Los dos hechos siguientes son los más curiosos.
 
Un matrimonio feliz, afortunadamente sin hijos, y con una esposa que no muestra síntomas de arrepentimiento, vómitos, espasmos ni diarrea.
 
Mi primer trabajo de verdad, despues de 33 años de vacaciones, y la posibilidad de reunir una gran fortuna, aunque me la puliera en poco tiempo en mujeres y pachinko, apuestas ilegales y vino
 
a gogó, dos libros, todavía sin publicar, y mi vida convertida en novela
 
III
 
por entregas.

Pero sobre todo, he olido formas, tocado olores, sido oído por colores que casi ningún habitante de "eso" podría imaginar, y si pudiera hacerlo, pues de capacidad de procesamiento carece, sobre él apenas habría tenido efecto.
 
He visto las enormes torres metalicas del puerto de Sakai vomitar azufre rosa a la atmósfera por la noche.
 
He probado postres cuyo sabor hace llorar de alegría.
 
He sentido mis tuétanos vitrificarse, en los campos florescentes de arroz cubiertos de nieve, en las montanas más allá de Arashiyama.
 
IV
 
Me'n vaig, pero no sin cierta preocupación. Pues justo cuando abandoné "eso", mi país de natación comenzó a hundirse en la mas absolutista miseria, y todas las profecías que yo había hecho, en relacion al futuro de "eso", se fueron cumpliendo,  para gran desgracia, al pie de mi letra acertada.
 
Y por no haber seguido mis consejos, cuando el capitalismo despiadado comenzó a lanzar sus venablos ígneos sobre "eso", el daño se propagó mucho más fácilmente gracias a la incultura, el egoísmo y la pereza; la apatía, la ignorancia y el fanatismo de los pobres habitantes de "eso"; y el país, su economía, y su estado del bienestar, como falla infantil ya de por sí débiles, ardieron rápidamente, semejantes a una aldea de un país latinoamericano que paramilitares ultraderechistas, apoyados por un gobierno títere de Estados Unidos, rociaran con gasolina y luego prendieran fuego, echando luego la culpa a Hugo Chávez, o al hecho de que "hay demasiados funcionarios"; o como si un grupo de falleros borrachos quemara la falla de la plaza del ayuntamiento varias noches antes de la cremà oficial.
 
Pero espero y confio que Japón haya tomado nota y no repita los errores de "eso".

V
 
Yo declaro, tal como en el capítulo dos se estipula, que durante mi estancia en Japón hube escrito dos libros.
 
Uno: "Cuentos japoneses", de los dos es de leer el más fácil. Ciencia ficción, ironía. Historia, humor y política. Se juntan, en sublime aberración, el pasado y el futuro, la verdad y la mentira de Japón;
 
Otro, que me es aun más grato, el "Viaje a ninguna parte", poesía sublime y enfermiza, solo disfrutable por chalados, en ningún modo apta para personas normales.

Un prestigioso crítico chino, el mejor crítico chino vivo de la antigüedad, tras leer ese libro, me dijo: "esto lo ha escrito usted con katana. Es usted sin duda el mejor poeta japonés en español de la historia."
 
Aunque a muchos españoles la pétrida retina se les haría totalmente añicos, como palacio de cristal que fuera reventado desde su interior por un coche bomba de Al Qaeda, si fijaran su mirada, aunque solo un instante fuere, sobre objeto literario, yo comparto estos testimonios con cualquier habitante de "eso" que tenga el valor de acercarse a ellos, y por "eso" y para "eso" los adjunto a este komunikat nauseabundo.
 
Y si resultara que alguno de mis no enemigos, con tiempo libre de sobra por ser un parado, tiempo del que en la actualidad yo carezco, me ayudara, presentándolos a concurso o editorial literalia, con el yo compartiría la mitad de los posibles beneficios.
 
De tal manera, y dichas ya todas las cosas que decir quería, me traslado en breve a los Estados Unidos
 
VI
 
de Mexico, el país surrealista por autonomasia, en calidad de directivo de una empresa mediana: el trabajo más aburrido del mundo en el país más divertido del mundo. País aberrante, lleno de contrastes, como a mí me complace, donde la muerte y la vida bailan entremezcladas su danza incestual del desastre, vomitándose mutuamente en la boca, envueltas en vestidos de estridentes colores.
 
Sera el quinto país del mundo, que, gracias a contar con mi presencia tonificante, se vuelve mucho más interesante, despues de "eso", la Republica de Irlanda, el peor país del mundo y Japón.
 
Y pues la ciudad a la que voy a trasladarme es de las más limpias y seguras en este semidesierto de calaveras amables, patrimonio de la humanidad y lugar donde el Buitre penetró cuatro veces el aro danés, yo invito a todos mis no enemigos, adversarios, pavarottis, jugadores de rol; así como familiares, conocidos, asesores y hermanas; y también a los añadidos a facebook por error, a visitar la primera de todas mis patrias, fueran patria por deseo o por obligación, que no es ni ínsula ni península, y a disfrutar conmigo de sus inumerables goces y placeres, entre los cuales se incluyen, enunciativa mas no limitativamente, xilampas, mescal, Xoximilco, tacos, piramides, Merida, quesadillas, Arranchera, Molotov, DF, mole, playas, ceramica, Morelia, desiertos, gorditas, guacamole, EZLN, murales, Guanajuato, viejas redondas, burritos, trajineras, Negra Modelo, la Jornada, Baja, buen tiempo siempre, tequila, Campeche, los ayantes de Tula, jaguares, chamanismo, Zapata, cabrones.